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Bordados y cruces contra los feminicidios (I)

Casi 150 mujeres han sido asesinadas en el estado de Puebla (100 km al sureste del Distrito Federal) en los dos últimos años. Mujeres del mundo del arte, del periodismo, del ámbito académico y del activismo trabajan para visibilizar y combatir los crímenes machistas.

Por David Villafranca*.

Puebla, MÉXICO// Las bolsas de basura se acumulan entre las calles 8 Poniente y 13 Norte de Puebla. Es una esquina sucia y fea, situada junto a un mercado a pocas cuadras del Centro Histórico de la ciudad. En esa misma esquina donde los vecinos depositan cada noche su basura, los asesinos de Guadalupe Abigail, de 21 años, dejaron su cuerpo sin vida dentro de una maleta. Durante varios días, ni siquiera tuvo nombre y fue la “Desaparecida Número 1”. La encontraron el 1 de enero y ya en las primeras horas de 2013 Puebla registraba su primer feminicidio del año.

@earoche (Ernesto Aroche)

Ofrenda en el lugar en el que apareció el cuerpo sin vida de Guadalupe Abigail. Fotografía: Ernesto Aroche (@earoche)

“Yo recuerdo el día que Mely posteó una nota en Facebook y nos etiquetó”, cuenta Vianeth Rojas, activista del Observatorio Ciudadano de Derechos Humanos Sexuales y Reproductivos. “Entonces empezamos una charla en la red porque teníamos que hacer algo”. La nota que compartió Mely Arellano, periodista de Lado B, era precisamente sobre el asesinato de Guadalupe Abigail. Fue entonces cuando Vianeth y un grupo de mujeres comenzaron a reunirse y de ahí surgió el Comité contra los Feminicidios, una de las iniciativas que lucha por visibilizar y denunciar los crímenes machistas en Puebla.

La cifra de feminicidios en este estado, situado a unas dos horas en coche al este de la Ciudad de México, ha crecido de manera escalofriante en los últimos años. De los 25 feminicidios de 2006, se ha llegado hasta el desgraciado récord del año 2011 con 79 mujeres asesinadas. Sólo en los últimos dos años, casi 150 mujeres han muerto por razones de género en este estado, lo que supone un incremento del 174% si comparamos los dos primeros años del actual gobierno del PAN de Rafael Moreno Valle con los dos primeros de la anterior administración del PRI.

En total, son 430 las mujeres asesinadas desde 2005 en Puebla. Números y porcentajes que, sin embargo, no reflejan la magnitud de la tragedia. Son personas, son vidas humanas, son mujeres asesinadas sólo por el hecho de ser mujeres.

Visibilizar y denunciar para que no se olviden los crímenes

Patricia, María Elizabeth o Guadalupe Abigail son algunas de las 16 mujeres muertas en Puebla en lo que va de año. Todas fueron vejadas y asesinadas. A Ana María, de 59 años, la mató su pareja a golpes. Después escondió su cadáver durante seis días hasta que lo encontraron las autoridades. Con sólo 17 años, Elena fue estrangulada por su novio, quien luego intentó quemar su cuerpo sin conseguirlo. Magali, como muchas otras, sufría violencia doméstica. Tres días después de haber desaparecido, se encontró su cuerpo sin vida. Tenía un hijo.

Para la artista Rosa Borrás, cada mujer asesinada tiene nombre, apellidos y una historia detrás que debe ser recordada. “Hay que concientizar a la gente, pero no sólo respecto al número de víctimas. Hay que humanizarlas”, afirma convencida. Por estas razones, Rosa borda pañuelos.

Estadísticas de las mujeres asesinadas en Puebla. Fotografía: Comité contra el Feminicidio en Puebla.

Estadísticas de las mujeres asesinadas en Puebla. Fotografía: Comité contra el Feminicidio en Puebla.

Bordando por la paz es un proyecto que surgió en Ciudad de México en 2011 cuyo lema es “un pañuelo, una víctima”. Cada bordado es un homenaje a un asesinado, a un desaparecido o a una de las víctimas que México acumula sin descanso en los últimos años. Las vidas perdidas, incluso las de narcotraficantes o criminales, quedan bordadas para siempre en pañuelos. Es una labor de memoria que además se realiza a la vista de todos. La desgracia oculta y la sangre derramada en México salen a la luz cuando los bordadores por la paztoman las plazas y se unen para reflexionar, recordar y honrar a las víctimas mientras cosen sus pañuelos en comunidad.

Grupo de personas bordando en Puebla. Fotografía: Bordando por la Paz.

Grupo de personas bordando en Puebla. Fotografía: Bordando por la Paz.

Con el tiempo, Bordando por la paz se ha extendido por Guadalajara, Xalapa o Monterrey e incluso por el extranjero con bordadores en Canadá, Francia o Japón. A Puebla llegó de la mano de Rosa Borrás, aunque no fue hasta enero de este año cuando se centró en los feminicidios para bordar las historias de las mujeres asesinadas.

Rosa inunda la mesa con todos los pañuelos que ella y sus compañeros han bordado en Puebla. Algunos son modestos, con las letras temblorosas, y otros son pequeñas y preciosas obras de arte. Rosa explica que el color del texto bordado tiene su significado: rosa para los feminicidios, rojo para los que murieron con violencia, verde para los desaparecidos. El de Guadalupe Abigail lo bordó Rosa en ocho líneas que resumen su historia con caligrafía clara y discretos adornos azules en las esquinas.

Hombre bordando. Fotografía: Comité contra el Feminicidio en Puebla.

Hombre bordando. Fotografía: Comité contra el Feminicidio en Puebla.

Los últimos domingos de mes, los bordadores de Puebla acuden al Zócalo o a la Plaza de la Democracia. Para Rosa es una acción colectiva, de recuperación del espacio público, pero a la vez es algo íntimo e individual: un acto de amor.

“Cada quien tiene su forma de bordar y mientras bordas estás pensando en lo que implica el pañuelo. Primero lees la historia, luego bordas la primera letra, repasando el caso, haciéndolo tuyo. Al final, estás haciendo una ofrenda a esa persona asesinada”, asegura.

Pañuelos que cuentan historias y cruces donde asesinaron a mujeres. El Comité contra los Feminicidios, que también participa y ayuda a Rosa con los bordados, coloca desde este año cruces de madera en los lugares de Puebla en los que ocurrieron los feminicidios.

Lo que se pretende es informar a los vecinos de lo que sucede en la puerta de sus casas. La primera cruz fue la de Guadalupe Abigail en un acto público celebrado en el Día Internacional de la Mujer.

Vianeth Rojas y Virginia Mayorga son dos de las seis mujeres que integran este comité creado a principios de marzo.

Entre sus objetivos figuran visibilizar los feminicidios, llevar un registro de las mujeres asesinadas y vigilar el trabajo de las autoridades. En un solo mes de vida, se han dado cuenta de que no les va a faltar trabajo.

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*David Villafranca (@d_villafranca) es estudiante de Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III de Madrid. En la actualidad es becario en el diario El Universal  (México) y colabora con medios como El Heraldo de Aragón. Web personal: http://eneltianguis.wordpress.com/

http://hemisferiozero.com/2013/05/31/bordados-y-cruces-contra-los-feminicidios-i/

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LA VIDA EN UN PAÑUELO

Ulises Cortés

Y después un pañuelo temblando en la distancia.

P.Neruda

 Entretejida materia vegetal donde anotar el ritmo de la vida entre cuatro esquinas. Hoja  de algodón en blanco donde el hilo borda palabras para conjurar el olvido, para conjurar una vida que fue arrebatada con las  primeras sombras de la noche. A golpe de aguja se teje la memoria de vidas truncadas, emborronadas con arteros golpes, ultrajadas, abusadas, violentadas, destrozadas y, otra vez, recuperadas en la brillante limpidez del pañuelo, de los pañuelos, de tantas manos calladas, Penélopes  afanadas en fijar la memoria de lo que no se puede perdonar ni olvidar, ni repetir, ni dejar de pensar… manos amorosas que se vuelven manos que denuncian con hilo y aguja en un mar blanco de lino cómo un trozo de vida se fue y no volvió y dicen entre  estas cuatro esquinas esa herida líquida para la que ya no hay mas lágrimas, sólo esta tristeza porque ella o él nos faltan como falta el aliento. Esta agonía que uno tiene al sur del alma. Esas manos dicen con el hilo de Ariadna que no quieren que sus muertos sean ese desconocido 1, ese cuerpo devuelto de la siniestra noche sin nombre, abandonado en una encrucijada. Ella sí tenía un nombre, se llamaba Guadalupe o María y tenía una edad llena de sueños y flores… no merecía aparecer en una maleta como trapo sucio, ella que tenía la vida por delante.

¿Cuántas como ella antes y cuántos más por desaparecer?  Esta voz de hilo que borda sueños y cariños, estas amorosas agujas que no se detienen, no se callan, crecen en las plazas y los parques de todas las ciudades porque no hay ciudad en la que no brote la violencia en cualquier esquina y una nueva flor se corta de golpe y un nuevo pañuelo contando una vida interrumpida se escribe a puntadas dolorosas, sin otra sangre que la amarga del dolor.

Pañuelos de lágrimas contra las mentiras y la violencia, finas manos que se unen como la sal al mar, del principio al final, para contar o cantar bordando lo que no se puede decir sin romper a llorar por la distancia tan cruel e impuesta de la muerte, de la ausencia, del silencio, del miedo a olvidar y creer que no ha pasado nada.

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“BORDAR POR LA PAZ”: LA HERIDA EN UN PAÑUELO

Por: Martha Patricia Montero – diciembre 5 de 2012

Investigaciones especiales

Formado en 2011, este movimiento creció tanto que con miles de pañuelos, en los que está bordada la historia de “los caídos” durante el calderonismo, construyó un memorial en la Alameda Central el 1 de diciembre.

Difícil llevar la cuenta de las lágrimas vertidas… Más complejo aún calibrar la indiferencia que envuelve de silencio la realidad de las heridas, por las que el país palpita tembloroso… Imposible, casi, imaginar siquiera la pausa incierta a la que se someten las familias de los desaparecidos, el dolor hondo de quienes han perdido seres queridos por la violencia desatada e irracional… A mano alzada, un pañuelo blanco pide tregua e invita al diálogo. Pero su significado se trastoca cuando su impoluta desnudez se multiplica y lleva bordados nombres, que son acompañados por breves crónicas sobre los asesinatos o la desaparición de las personas que los ostentaban. Con la misma fuerza que las Lung-Ta –las célebres oraciones tibetanas– estos manifiestos por la paz se tienden al viento, en un esfuerzo amplio por humanizar las cifras con las que el Gobierno pretende poner una fría distancia y apostar por el olvido.

Para seguir leyendo, visita el siguiente enlance en el periódico digital sinmebargo:

Este contenido ha sido publicado originalmente por SINEMBARGO.MX en la siguiente dirección: http://www.sinembargo.mx/05-12-2012/449678. Si está pensando en usarlo, debe considerar que está protegido por la Ley. Si lo cita, diga la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. SINEMBARGO.MX

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La batalla de Bellas Artes, entre pañuelos, vidrios rotos y un sax

Ernesto Aroche | Mely Arellano

3 diciembre, 2012

@earoche | @melyarel

A las 10 de la mañana del sábado 1 de diciembre, mientras dentro del Congreso de la Unión esperaban la llega de Enrique Peña Nieto y afuera Carlos Valdivia era herido de gravedad en los enfrentamientos entre manifestantes y granaderos, miles de pañuelos ondeaban a lo largo de la Avenida Juárez, frente a la Alameda.

Corría un airecito fresco, el sol todavía no pegaba de ese lado y los pocos transeúntes, algunos con café en mano, se detenían a leer las historias de las víctimas, muertas o desaparecidas, de la violencia del sexenio recién concluido de Felipe Calderón: pañuelos bordados a mano por familiares, amigos y ciudadanos organizados en los diferentes grupos del colectivo Bordados por la Paz.

Había gente de Monterrey, Guadalajara, Puebla, DF y de Córdoba, Argentina. Frente al hemiciclo a Juárez, a la sombra de una carpa, algunas personas –entre ellas una señora que horas antes se presentó contando el caso de su hijo desaparecido- ya bordaban. Otras lo hacían en las bancas que hay a lo largo de esa calle.

La avenida Juárez estaba cerrada y la primera marcha todavía un poco amodorrada, con banderas perredistas, ya había pasado hacia el zócalo.

Más tarde pasó otra marcha, o quizás era la misma tratando de definir rumbo porque se detuvieron unos 20 o 30 minutos y reiniciaron sus pasos poco antes de las once pero en sentido contrario, hacia el Monumento a la Revolución. Hacia allá se dirigió una hora después un tercer contingente mucho más numeroso –llegó a abarcar las cinco calles de Bellas Artes y la Alameda- y más organizado, lanzando consignas contra Peña Nieto.

Inicia la batalla

Pasadas las 12 del día, cuando el nuevo presidente daba su primer mensaje a la nación, el caos llegó a Bellas Artes antecedido de una extraña calma que se quebró con el sonido de los petardos y la prisa de los vendedores de comida que suelen flanquear a las marchas para hacer su agosto.

Una decena de jóvenes pasó corriendo con los rostros cubiertos, algunos con palos o tubos en las manos. Gritaban algo incomprensible. La gente comenzó a buscar un lugar para resguardarse.

Metros más adelante, en la esquina de la calle López y la Avenida Juárez la batalla había comenzando. Grupos de jovenes esbozados instalaban una barricada con las rejas tubulares que originalmente rodeaban a la Alameda central y azuzaban a una compañía de granaderos de la policía capitalina que impedía el ingreso al zócalo de la ciudad.

Al concluir el acto protocolario en la Cámara de Diputados y al no lograr romper el cerco que se montó en torno al palacio legislativo, los dos grupos de manifestantes, los pacíficos encabezados por el grupo Más de 131 de la Universidad Iberoamericana, y los radicales que llegaron armados con tubos, palos y bombas molotov, comenzaron el éxodo hacia el centro de la ciudad sólo para hallarse con los accesos cerrados.

Y mientras Peña Nieto desglosaba sus primeras 13 metas de gobierno frente al palacio de Bellas Artes, comenzó el intercambio de metralla hechiza, de un lado salían tubos, piedras y cuanto objeto pudiera ser lanzado al alcance de la mano, del otro los mismos proyectiles eran regresados. Sonaban algunos petardos y estallaban las primeras bombas molotov incendiando momentáneamente el asfalto y alguno que otro escudo de plástico de los granaderos.

Los transeúntes y los bordadores, que metros atrás habían montado su memorial ciudadano por los muertos, ya se habían refugiado: algunas personas se metieron al patio de la Secretaría de Relaciones Exteriores, otras a los negocios aledaños, otras sólo se replegaron a las paredes o corrieron en dirección contraria. Las puertas y rejas fueron cerradas. Los sonidos de la batalla campal llegaban nítidos hasta ahí.

Nadie sabía con certeza, entre los refugiados, qué estaba pasando y el saberse encerrados aumentaba los nervios. Una chica alta y bonita lloraba. Muchos hacían llamadas o mandaban mensajes de texto o vía Twitter.

Un joven vestido de negro comenzó a cortar los “tendederos” de pañuelos, causando la inmediata protesta del grupo de bordadores que estaba en el patio de Relaciones Exteriores y que no podía salir; también esas rejas habían sido cerradas. Dos o tres jóvenes soltaron los tubos que llevaban en las manos y ayudaron a levantar los pañuelos para pasarlos entre las rejas, donde fueron resguardados. Una mujer pasó también una botella de agua “para que mojen pañuelos y puedan respirar si echan gases”. Los gases, afortunadamente, nunca llegaron.

En la zona de la refriega lo que ya había para ese momento eran algunas columnas de humo producto de la quema de plástico a la altura de la barricada de rejas y el olor de los líquidos inflamables de las bombas molotov. Por varios minutos la policía sólo se contuvo  en formación “tortuga”, ideada por el ejército romano para proteger pequeñas formaciones.

Uno de los policía que intentó apagar un fuego fue jalado por los jóvenes embozados, su osadía lo metió de lleno a una lluvia de patadas y golpes justo a un costado del Vips de la esquina de López y avenida Juárez, de la que fue rescatado por otros manifestantes quienes le permitieron el escape para que se refugiara en las oficinas de la Subprocuraduría de la PGR que se encuentra a unos pasos de esa esquina.

Destrozan el Wings

Al lanzar su primer embestida la policía logró hacer retroceder a los anarquistas junto con sus banderas rojinegras y demás rijosos hasta la altura del edificio de Relaciones Exteriores donde se habían resguardado los bordadores.

Ahí se levantó una nueva barricada y los manifestantes aprovecharon para proveerse de pertrechos arrancados del restaurante Wings, que se ubica a un costado del edificio de la SRE, sillas y mesas serían ocupadas para preparar fogatas y como armas arrojadizas.

En twitter se hablaba de detenidos, heridos, más enfrentamientos en la Alameda y la acción de grupos de choque. Por las calles de Dolores e Independencia pasaban granaderos y patrullas que llegaban a la refriega, un helicóptero sobrevolaba la zona.

Del Bancomer que está en la esquina de Juárez y Dolores salía humo. Las rejas del estacionamiento del edificio de la SRE que da a Independencia también estaban cerradas. Nadie podía entrar ni salir.

Fue hasta cerca de la una y media cuando al fin abrieron el estacionamiento. La batalla se había desplazado calles más abajo y había comenzado la detención de manifestantes quienes fueron golpeados brutalmente como dan cuenta algunos videos que circulan por las redes sociales.

Pasada las dos de la tarde la zona comenzó a recuperar su ritmo habitual. Y aunque se mantendría un grupo de granaderos en el cruce del Eje Central y avenida Juárez, e incluso se producirían algunos jaloneos e intercambio de mentadas y hasta de patadas calles abajo, los comerciantes informales ya montaban su oferta de piratería.

Una niña caminaba de la mano de su papá, una pareja de ancianos miraba el menú de una fonda, un muchacho repartía volantes. Sólo las sirenas de las patrullas rompían cada tantos minutos la aparente tranquilidad de lo que ya para ese momento parecía ser un sábado cualquiera en el Distrito Federal.

Los pañuelos recuperados de Bordados por la Paz, revueltos, sucios y algunos incluso manchados de sangre, fueron acomodados por el grupo de Puebla y de Argentina en el lobby del hotel Marlowe, a media calle.

Cerca de las cinco de la tarde y pese a las huellas de los enfrentamientos –vidrios rotos, restos de objetos quemados, vallas encimadas, semáforos rotos, un par de bancas a media calle- la gente paseaba por la Alameda y Bellas Artes tomando fotos de las pintas como si fueron atractivos turísticos, mientras un joven tocaba en el saxofón Somewhere over the rainbow y la tarde del primer día del nuevo sexenio llegaba tristemente a su fin.

http://ladobe.com.mx/2012/12/la-batalla-de-bellas-artes-entre-panuelos-vidros-rotos-y-saxofones/

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El camino para la paz

Martín López Calva

5 diciembre, 2012

@M_Lopezcalva

“No hay camino para la paz, la paz es el camino”

Mahatma Gandhi

1.-El camino para la paz.

Son las diez de la mañana del sábado primero de diciembre. A lo largo de la Avenida Juárez, justo enfrente de la Alameda Central de la ciudad de México ha quedado instalado el memorial por las víctimas de la violencia que los grupos del movimiento “Bordados por la paz” han instalado desde las 7:30 de la mañana a ambos lados de la ancha banqueta, partiendo de la puerta del complejo de la Secretaría de Relaciones Exteriores, justamente en el exterior del Museo Memoria y Tolerancia, como una bella coincidencia simbólica.

Pañuelos blancos bordados por personas de distintas partes de México y de otros países como Francia, Japón, Canadá y Argentina –de donde ha venido un grupo a participar en este día- forman una especie de valla blanca ante la que se detienen los transeúntes a mirar, a leer los casos de los muertos por la violencia en estos seis años –bordados en rojo- y de los desaparecidos de esta guerra contra el crimen organizado –bordadas en hilo verde- emprendida por el gobierno federal saliente.

El memorial se expone justamente hoy para enviar un mensaje de inconformidad ciudadana, un grito silencioso de rebelión contra la muerte y la violencia, una apuesta por la paz, una contribución al camino para la paz en este país tan dañado por la violencia y la muerte.

Todo transcurre con aparente normalidad. Hacia las once de la mañana empieza a pasar por la calle, del centro hacia el monumento a la revolución, una marcha de protesta contra los gobiernos saliente y entrante, contra lo que se menciona en altavoces como el proceso de empobrecimiento de un sistema económico mundial injusto al que los manifestantes afirman están sometidos los gobiernos nacionales. Dos carros de sonido con discursos, algunas pancartas, de vez en vez el grito a coro de una consigna, es decir, lo propio, natural y deseable en un país democrático y civilizado como el que aspiramos ser.

Se nos dice que hay rumores de que “los de San Lázaro” vienen hacia acá. El acuerdo entre los bordadores de Puebla es meterse en el área del museo en caso de que algo pase, aunque hay confianza en que nada va a suceder.

2.-El triunfo de la violencia.

Siguen pasando contingentes de la marcha, es una manifestación muy nutrida. Pau propone ir por un café. La acompaño junto con Daniela que con sus once años ha sido una entusiasta participante del movimiento de bordados en Puebla.

Vamos por el café,  caminamos primero hacia el rumbo del hotel Hilton buscando una cafetería muy original que Pau conoce y quiere que probemos, no la encontramos. Regresamos hacia el otro lado, rumbo a Bellas Artes. En el camino nos preguntan en un tono un poco nervioso si sabemos dónde está Mariana –que ha ido a la marcha del movimiento #másde131 en San Lázaro-, respondemos que no sabemos, que parece que llamó para decir que vendría al rato y continuamos nuestro camino hacia un café de cadena extranjera que está como a media cuadra. Entramos y ordenamos justo después de Denisse Dresser que está ahí con dos estudiantes del ITAM a los que Pau conoce. Los saluda y le dicen que van a un evento al museo Memoria y Tolerancia. Están entregándonos nuestras bebidas cuando se siente inquietud en el ambiente. Los empleados nos dicen que nos hagamos a un lado para mover unos muebles y cierran la cortina que da hacia la calle. Uno de ellos comenta: “Ya lo sabemos, en estas marchas después de los zombies hay que cerrar porque la cosa se pone gruesa”. No entendemos pero empiezan a cerrar del otro lado y de pronto inicia el cierre de la cortina principal de la plaza.

Todo es incertidumbre en el lugar y se escuchan detonaciones afuera, golpes, ruido de cristales que se rompen. Nos dicen que están enfrentándose los granaderos con grupos radicales que protestan. Algo se ve por una parte de la cortina que es como una especie de ventana enrejada. Pasan los minutos y los ruidos no cesan. De vez en cuando se ve que la gente vuelve a caminar normalmente por la Alameda, pero inmediatamente se vuelve a ver a la multitud corriendo de un lado para otro.

De tanto en tanto alguien dice que quiere salir y desde la cortina le gritan al único vigilante de la plaza que abra la cortina. La sube un poco, la gente agachada sale y se vuelve a cerrar. En uno de estos episodios veo que quienes van a salir son cuatro jóvenes que tienen el rostro cubierto, mochilas a sus espaldas y dos de ellos llevan toletes como los de la policía escondidos bajo su sudadera, en la espalda. Salen en actitud de volver a la pelea después de haber tomado un respiro.

Llega el momento en que el enfrentamiento es justo afuera de la plaza, pegados a la cortina los granaderos formados se cubren con sus escudos y les llueven piedras, botellas, tubos, etc. Esos minutos parecen horas. No sabemos cuánto más va a tardar esto.

Por fin los granaderos logran replegar a los violentos. Vemos un tuit que dice que los han replegado a la altura del Hemiciclo a Juárez. Pasan más minutos larguísimos. Nosotros seguimos en la escalera entre el primero y segundo piso a donde hemos subido cuando el enfrentamiento estaba frente a la entrada.

Finalmente, después de algo así como cuarenta y cinco minutos, nos dicen que ya pasó todo y que han abierto la cortina. Me comunico con Gaby que está en el Museo con el grupo de bordadores. Me dice que nos veamos en el hotel que está cerca. Ellos van a recoger los pañuelos que se han podido recuperar porque alguien logró romper las cuerdas y tirar al piso todos y posteriormente ir enredando todos. Cuando se pudo, se los fueron pasando por la reja a los bordadores que estaban dentro de la explanada del museo.

Ya en el hotel todos cuentan su experiencia. Me llama la atención el detalle que relatan sobre la destrucción del Wings y la forma violenta en que entraron los jóvenes encapuchados, de qué manera trataron de calmarlos porque había mujeres y niños adentro, la forma en que sacaron sillas de ahí para quemarlas en la calle. Me impacta también la historia de uno de los violentos que entró a la explanada porque lo jalaron cuando cayó al piso y que llevaba su mochila llena de bombas molotov, petardos y todo tipo de artefactos para la destrucción.

En el lobby del hotel los bordadores desenredan y separan los pañuelos que lograron rescatarse. No se sabe qué porcentaje se salvó. Muchos de ellos están pisoteados y otros manchados de sangre. Una alegoría del triunfo de la violencia. El memorial de paz fue destruido, las voces de hilo y aguja fueron acalladas.

3.-La paz es el camino.

El resultado de este triunfo de la violencia sobre la paz puede ser la desesperanza y la inmovilidad. Resulta muy triste ver otra muestra de la forma en que un pequeño grupo de violentos pueden dominar la realidad y silenciar la expresión de muchos, impedir la acción de la mayoría, hacernos vivir encerrados en la evasión.

Sin embargo, precisamente por esta necia realidad de violencia en la que muchos grupos siguen viviendo: unos porque el crimen es su modus vivendi, otros porque piensan que la única vía para el cambio social es la de la violencia y algunos más simplemente porque encuentran ahí la forma de canalizar su resentimiento y odio social, se hace necesaria la reflexión y la acción que refuerce la cultura de la paz.

Porque no hay camino para la paz, porque la paz es el camino, un camino más largo, menos transitado y popular pero más efectivo en el largo plazo porque la violencia crea más problemas de los que intenta resolver.

En el lobby del hotel los bordadores separan y desenredan los pañuelos que lograron rescatarse. Muchos de ellos están pisoteados o manchados de sangre, pero están ahí y serán exhibidos como una muestra de que aunque la violencia estalle y nos invada momentáneamente, el deseo de paz, el compromiso por la paz, la apuesta por la paz sigue ahí, seguirá ahí, como un signo de rebeldía frente a la deshumanización imperante.

Eduquemos para promover este anhelo de paz, convenzamos a los jóvenes desesperanzados de que la paz es el camino.

http://ladobe.com.mx/2012/12/el-camino-para-la-paz/

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Bordados por la paz arrancados por la violencia‏

María Aranzazú Ayala

“La caminata a través de las filas de pañuelos colgados hacía temblar y sacaba lágrimas”.
Agencia Enfoque

Puebla, Puebla.- Fueron meses de bordar, meses en que cientos de manos plasmaron los nombres de los muertos y desaparecidos en esta guerra contra el narcotráfico, una lucha para muchos sin sentido que ha sumido al país en un ambiente de violencia e inseguridad.

Los bordadores empezaron en la Ciudad de México y la iniciativa ciudadana se extendió a varios lugares de la República y cruzó mares llegando hasta Francia, Japón, Canadá, Argentina y Guatemala, entre otros países solidarios. La primera meta de “Bordados por la paz” era este sábado, primero de diciembre, día elegido para colgar los pañuelos blancos en el centro de la capital para honrar a las víctimas y para “despedir” a Felipe Calderón.

La cita fue a las siete y media de la mañana en la Alameda, donde se pensaban colgar los pañuelos para que las personas pudieran leer cada uno de los casos. Se creía que sería un lugar tranquilo, con espacio suficiente, alejado del caos. Sin embargo, el recién abierto parque estaba cerrado, por lo que los bordadores resolvieron ubicarse en la calle Juárez, frente a la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE).

La caminata a través de las filas de pañuelos colgados hacía temblar y sacaba lágrimas: era como pasar entre paredes con nombres de muertos, conocidos y desconocidos, niños, niñas, papás y mamás, desaparecidos levantados en coches, en la calle, víctimas anónimas y conocidas de un ataque de violencia colectiva y sin sentido.

En esta ocasión especial, la dinámica de cada fin de semana se repitió: los activistas ciudadanos bordaban, sentados, y tenían materiales disponibles para todos aquellos que quisieran hacer aunque fuera una letra o una palabra de un pañuelo. Alrededor de mediodía llegó una marcha; iban tranquilos, caminando despacio, y se sentaron durante 15 o 20 minutos. Después se escuchó el ruido.

“Lo feo está en San Lázaro”, decían algunos bordadores para tranquilizar a quienes ya se notaban nerviosos, pero se escucharon otros disparos de cohetes, cada vez más cerca.

De un momento a otro, una estampida de gente comenzó a correr en dirección hacia el Hemiciclo a Juárez, desde Bellas Artes. No hubo mucho tiempo para reaccionar: correr hacia el interior de la SRE, algunos con bordado en mano. En menos de cinco minutos, el guardia del lugar cerró la puerta con candado mientras que un río de manifestantes fluía hacia los bordados, huyendo de las fuerzas de seguridad pública.

Un joven con un paliacate al cuello cortó los lazos de una manta con pañuelos amarrada a los postes de luz. “¡Qué haces, los pañuelos, los pañuelos, oye!”; una voz femenina tranquilizó a los bordadores que ya estaban encerrados en el patio del edificio. “Nos están ayudando, nos los van a pasar”.

Bajaron los pañuelos que pudieron y a través de los barrotes los bordados se pasaron la tela enredada y manchada. Un grupo se fue a San Juan de Letrán y otro, donde estaban cinco integrantes de “Bordados por la Paz Córdoba, Argentina”, que habían llegado la noche anterior a México, se quedó dentro, viendo cómo la barricada de los manifestantes se colocaba justo frente a ellos.

Sonaban ambulancias, se veía humo y se escuchaban gritos y ruido por todas partes. Las demás personas que se quedaron encerradas se replegaron hacia el otro patio del complejo de edificios luego de que otros compañeros les reportaran por celular que estaban arrojando piedras y bombas molotov. El Bancomer de la esquina de la calle Juárez empezó a humear, afuera aventaban gas lacrimógeno y los bordadores empezaron a desprender los pañuelos que estaban unidos con seguros. Los doblaban formando un triángulo, les echaban un poco de agua y los repartían para que se los amarraran y cubrieran su boca y nariz en caso de que aventaran gas.

Los granaderos se veían pasar a través de las barras cuando rodeaban el edificio, y desaparecieron. En un momento de calma los bordadores comenzaron a guardar los cientos de pañuelos, todos mezclados de diferentes lugares: encontraron varias mantas manchadas con sangre. Muertos que revivían en la tela, que eran recordados con la sangre de vivos que siguen luchando.

En medio de una manifestación pacífica y un memorial por la paz, recordando a todos los que han padecido, los pañuelos fueron arrancados por una nueva ola de violencia, por una agresión que parece que hace todo lo posible por impedir que este país no pierda la memoria.

http://periodicodigital.com.mx/notas/bordados_por_la_paz_arrancados_por_la_violencia#.URuOuh3K4a8 

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Bordando por la Paz y la urgente regeneración de la cultura

Martín López Calva*

“Lo que no se regenera, degenera”.

Edgar Morin

Cada domingo a las doce del día se reúnen en la plaza de la democracia para pasar tres horas juntos y activos, sin hacer ruido ni vender nada, sin gritar consignas ni leer largos discursos, simplemente bordando con hilos rojos o verdes pañuelos blancos que relatan los casos de las víctimas de la violencia de estos seis años de guerra contra el narcotráfico y el crimen organizado: una víctima, un pañuelo.

Son jóvenes activistas que pertenecen a distintas organizaciones civiles, pero también son artistas, maestras, amas de casa, mamás, abuelas, periodistas, niños y niñas, empleados, simples ciudadanos que se suman por un rato o de manera más constante a esta manifestación pacífica que silenciosamente grita “con voz de hilo y aguja” un YA BASTA contra la muerte que tristemente se ha convertido en parte de la realidad y del paisaje cotidiano de nuestro país.

Se trata del movimiento “Bordando por la paz” que en Puebla reúne cada semana a cada vez más personas que se van sensibilizando y quieren aportar algo para transformar la realidad de violencia de nuestro México herido.

Sus objetivos:

“—visibilizar a las víctimas de la violencia en el marco de la guerra contra el narcotráfico promovida por el ejecutivo federal durante todo el actual sexenio (2006 – 2012).
—sensibilizar a la ciudadanía respecto al hecho de que éstas víctimas no son solo cifras y construir un memorial ciudadano.
—…Generar una acción y un acercamiento simbólicos a todas las muertes trágicas, y a todas las desapariciones que se han dado en estos últimos años a consecuencia de dicha estrategia fallida, en solidaridad con los familiares de estas víctimas”.

Así como son muchas las personas que se acercan, preguntan, se conmueven, se integran o apoyan en distintas formas a esta causa ciudadana, también hay otras que preguntan ¿de qué sirve a las víctimas que se borde un pañuelo con su nombre y su caso? ¿En qué puede contribuir el hecho de bordar pañuelos a cambiar la compleja situación de violencia e impunidad en que vive el país?

La respuesta a estas preguntas puede formularse de manera breve diciendo que se trata de una aportación a la regeneración de la cultura. Es una respuesta sencilla de escribir pero muy complicada de entender, sobre todo en un contexto pragmático y utilitarista como el que se vive en el mundo de hoy.

Porque en efecto, visto desde el ángulo de la utilidad práctica, es claro que bordar pañuelos no sirve para nada ante la situación de violencia generalizada de nuestra sociedad. Sin embargo y esto es lo más valioso de este y otros movimientos ciudadanos recientes desde mi punto de vista, “Bordando por la paz” está contribuyendo a la humanización de nuestro entorno precisamente porque como afirma el filósofo canadiense Bernard Lonergan, está “siendo profundamente práctico, renunciando a lo que se piensa que es lo práctico”.

Una muerte por violencia es una tragedia en sí misma y debe ser esclarecida hasta castigar a los responsables. En un país donde reina la impunidad y más del 90% de los casos quedan sin resolver este nivel del crimen como fenómeno particular se encuentra en una situación terriblemente preocupante.

Pero una situación en la que las estructuras sociales, las formas de organización y gobierno, el inadecuado funcionamiento de las instituciones están generando sistemáticamente la reproducción de muertes violentas de manera que se cuentan diariamente por decenas hasta llegar en un sexenio  -según los medios más rigurosos en el conteo de muertes y ejecuciones en esta guerra contra el narco y el crimen organizado- a alrededor de sesenta mil víctimas, resulta muchísimo más preocupante y requiere ya no de acciones específicas para resolver casos específicos son de reformas estructurales profundas y de cambios radicales en las políticas públicas y en la organización institucional.

Sin embargo hay un tercer nivel de preocupación que es mucho más complicado de atacar y mil veces más lento de revertir. Se trata del nivel de la cultura. En efecto, si como dice el mismo Lonergan, la cultura es ese conjunto de significados y valores que determinan el modo concreto en que vivimos, lo que hoy estamos experimentando en México no es simplemente un incremento de los casos de violencia, ni tampoco es solamente una descomposición estructural del sistema de organización social y de gobierno. Se trata de ambas cosas pero también y de forma más profunda, de un proceso de degeneración de nuestra cultura.

Porque como abordábamos ya en este espacio hace algunas semanas, la vida ha perdido valor en nuestra cultura y la muerte violenta ya no es vista con horror ni con asombro sino como una parte de la realidad cotidiana a la que nos hemos ido acostumbrando.

Es precisamente aquí, en el ámbito de esta cultura que por no regenerarse se ha ido degenerando, que resulta imprescindible y urgente la emergencia de iniciativas como “”Bordando por la paz”. Porque una parte de la degeneración de nuestra cultura se manifiesta en que se mira a las víctimas de esta guerra como simples números y estadísticas y no como personas con una historia, una familia, un proyecto de vida. El objetivo de hacer visibles a las víctimas, de darles nombre y contar su historia es fundamental para recuperar la sensibilidad social hacia la vida humana. Esto se logra tanto en las personas que bordan, que al ir escribiendo con hilo y aguja cada caso, dejan de verlo como un caso y se apropian del dolor de una vida segada, como en quienes miran  mirarán los pañuelos bordados cada vez que son expuestos y van leyendo una a una estas historias de todos los compatriotas, seres humanos como nosotros, que no debieron morir de esa manera.

Lonergan dice que una parte fundamental de la cultura son los símbolos, entendidos como objetos que producen o son producidos por ciertos sentimientos. Nuestra cultura en degeneración está produciendo símbolos de exaltación de la violencia: narcocorridos, dichos, leyendas, personajes míticos, armas chapadas en oro y con brillantes en sus cachas, etc.

Bordando por la paz está produciendo cada domingo, en cada puntada, símbolos de paz que apuntan a la regeneración de la cultura, a la reconstitución de la compasión humana, de la empatía con los que sufren esta ola de violencia de manera directa, de la solidaridad con las víctimas de la historia, del sentimiento de satisfacción por aportar un grano de arena, una voz hecha de hilo, un grito en fondo blanco contra la exaltación o la trivialización de la violencia y la muerte.

Nuevos símbolos que produzcan nuevos sentimientos. Símbolos de paz y armonía que provoquen el surgimiento de sentimientos de paz y armonía. Símbolos de tolerancia y respeto que produzcan sentimientos colectivos de tolerancia y respeto. Esta es una necesidad fundamental para regenerar nuestra cultura distorsionada por la mala costumbre de la violencia y la muerte.

Para esto sirve bordar por la paz, para apuntar a una regeneración de la cultura que nos va a tomar varias generaciones pero que no puede esperar más. Esta es la enorme utilidad del “afán inútil” que convoca cada domingo a cada vez más personas que quieren ser una voz silenciosa de hilo, aguja, convivencia pacífica y sueños compartidos en un país lleno de ruido, intolerancia, individualismo e indiferencia.

23 de octubre 2012. Publicado originalmente en http://ladobe.com.mx/2012/10/bordando-por-la-paz-y-la-urgente-regeneracion-de-la-cultura/

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Bordando por la paz y la educación para la ciudadanía

Martín López Calva
“El axioma de Robert Antelme: ‘No suprimir a nadie de la humanidad’,
es un principio ético primero…”
(E. Morin, 2006:115)

Daniela tiene once años y ha ido algunos domingos a bordar por la paz. Ella y algunos otros niños y niñas suelen acompañar a veces a su mamá o su papá a esta actividad tan sencilla como profunda. Se trata simplemente de acudir entre las 12 y las 15 hrs.

A la plaza de la democracia en el centro de Puebla para sentarse junto con otras personas jóvenes y adultos de distintas partes de la ciudad, con diferentes ocupaciones, ideologías y creencias, a bordar pañuelos blancos con los nombres y las historias de las miles de personas que han muerto en los últimos años en la llamada “guerra contra el narco” y en otros eventos relacionados con actos criminales, producto o no, de la delincuencia organizada.

A sus once años ella acude a la cita a veces, en vez de mirar la televisión o ir al centro comercial y tal vez sin darse cuenta aprende más de ciudadanía que en todo un año escolar de clases de formación cívica y ética.

Porque “bordando por la paz” (https://www.facebook.com/BordadosPazPuebla) es además de un acto de manifestación pacífica y organizada que grita en silencio un “ya basta” a la espiral de violencia que vive el país, una actividad didáctica para quienes participan en ella y para los que alrededor de quienes lo hacen o simplemente al pasar por la plaza y detenernos a ver, somos testigos de este acto simbólico que tiene como objetivo hacer visible lo que hasta ahora ha estado vedado a nuestros ojos.

En efecto, cada pañuelo blanco al ser bordado va diciendo con hilo que se vuelve voz, el nombre de un mexicano que ha sido suprimido de la humanidad doblemente: en primer lugar porque fue privado de la vida de una manera violenta, injusta, absurda y por otra parte porque su asesinato ha quedado en el anonimato, en la impunidad y el olvido.

En cada lienzo que se borda se hace visible una historia invisible, adquiere nombre y rostro quien hasta antes de ese acto simbólico era simplemente un número, una cifra en la estadística de la impunidad, en el país en que todo pasa pero todos, empezando por las autoridades, hacemos como que no pasa nada.

Algunas de las personas que bordan lo manifiestan con claridad: “bordar una de estas historias me sensibiliza y me hace más consciente de lo terrible de la situación que vivimos porque me hace caer en la cuenta de que cada uno de los sesenta mil muertos era una persona con nombre, historia, familia y aspiraciones”. Entre quienes se han ido uniendo a bordar de manera puntual o permanente hay familiares que cuentan parte de su propia historia: hermanos que perdieron un hermano porque se negó a pagar “derecho de piso” allá en un estado del norte y que tuvieron que huir de allí y venirse a vivir a Puebla dejando sus raíces, tíos que piden  que se borde la historia de una sobrina asesinada en la calle una noche de un día cualquiera.

Y así domingo a domingo se va construyendo una comunidad de bordadores por la paz, de ciudadanos conscientes y comprometidos que quieren aportar símbolos que visibilicen lo que todos ocultan; se va creando solidaridad que se prolonga en las redes sociales y se mantiene unida en la distancia a otros grupos del mismo movimiento en ciudades lejanas (http://www.eluniversal.com.mx/estados/87029.html)-

La meta es bordar todas las historias posibles que conforman este mar de historias truncadas por la muerte en una cultura cada vez más acostumbrada a excluir por cualquier razón a los demás, a suprimir a los otros de la humanidad, ya sea matándolos o tolerando y acostumbrándose a la muerte, al “recuento de ejecuciones” que es una sección más de cualquier noticiario. La meta es tapizar el zócalo de pañuelos blancos bordados con los nombres de todas las víctimas, para gritar con un símbolo de paz, la rebelión de todos los que no creemos en la violencia ni queremos la violencia como escenario de nuestros tiempos, de los que no queremos heredar a nuestros hijos un país en guerra sino una patria armónica y justa en la que quepamos todos, en la que no se suprima a nadie de la humanidad.

Como Daniela muchos niños deberían formarse como ciudadanos más allá de los muros de la escuela. Bastaría para ello que todos nosotros, los que los mandamos a la escuela a “formarse en valores”, despertáramos del letargo en que nos tiene este sistema que nos define como consumidores y nos niega la condición de ciudadanos y ejerciéramos la ciudadanía con pasión y responsabilidad.

24 de septiembre 2012

publicado originalmente en http://www.e-consulta.com/2012/index.php/2012-06-13-18-41-29/articulistas/item/bordando-por-la-paz-y-la-educacion-para-la-ciudadania

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Los Bordados por la Paz llegan a Puebla

En las plazas principales de cada ciudad, los ciudadanos se reunen los domingos y sesientan a bordar, a tejer esperanza y memoria de un país sediento de paz.

OCTUBRE 20, 2012Andrea Arzaba (@andrea_arzaba)

Los hilos, las agujas y las telas se han convertido en guerreros por la paz en México. En ciudades como Monterrey, Guadalajara, Puebla y DF, hombres y mujeres de todas las edades han decidido compartir sus pensamientos y experiencias sobre la violencia, participando en un movimiento colectivo a través del bordado. En las plazas principales de cada ciudad, los ciudadanos se reunen los domingos y sesientan a bordar, a tejer esperanza y memoria de un país sediento de paz.

En esta ocasión entrevistamos a Rosa Borrás, fundadora del movimiento Bordados por la Paz en la ciudad de Puebla.

¿Cómo y cuándo surgió Bordados por la Paz en Puebla?

Yo conocí el proyecto a través de la artista Mónica Castillo, quien era parte del colectivo Fuentes Rojas, y me invitó a bordar en octubre del 2011. Les bordé varios pañuelos desde mi casa que les hice llegar con un amigo común. Me gustó tanto el proyecto que empecé a ver cómo traerlo a Puebla y aunque al principio fue dificil conseguir gente, hoy llevamos bordando en la plaza de la Democracia cada domingo, ininterrumpidamente, desde el 19 de agosto.

¿Qué necesidad se espera cubrir al bordar mensajes contra la violencia?

Dar visibilidad a la víctimas de la guerra contra el narcotráfico, sean del bando que sean, al igual que sensibilizar a la ciudadanía respecto al hecho de que éstas víctimas no son solo cifras, sino gente que deja familia y amigos. Otro objetivo es solidarizarnos con las familias de las víctimas y desaparecidos.

Queremos dar al ciudadano de a pie la oportunidad de participar en una protesta pacífica, de sentirse parte del tejido social que está tan fragmentado actualmente, de solidarizarse, de integrarse, de reconocerse y reconocer al otro.

¿Cómo ha sido la participación ciudadana poblana ante el proyecto?

El proyecto ha sido bien acogido. Cada domingo tenemos más gente que se queda a bordar y nos dona material. Hemos tenido apoyo de muy diversos sectores de la población, y de muchas formas, ya sea acompañándonos a bordar, llevándonos material o escribiendo artículos sobre el proyecto.

¿Por qué te involucraste en esta iniciativa?

Me parece indispensable darle nombre y apellido a las víctimas y participar en una protesta/denuncia pacífica, incluyente y contundente como ésta. Por otro lado, me gusta trabajar en colectivos, creo que la única forma de cambiar al país es trabajando unos junto a otros, más allá de diferencias ideológicas, de edades, de formación profesional, etc.

Además, tengo dos hijos y me preocupa mucho heredarles un mundo hecho pedazos, así que creo que tengo que participar en lo que pueda, desde mi lugar, en la medida que me sea posible.

¿Qué te mantiene activa y creyendo en Bordados por la Paz?

Justo esto, la necesidad de participar para aportar algo, lo que yo pueda, junto a mis compañeros y familia. Y la esperanza de un futuro mejor. Creo que sí es posible, y que es con éste tipo de iniciativas colectivas, horizontales, orgánicas, que se motiva a otros ciudadanos a sumarse y participar. Me da esperanza ver la respuesta y el interés en el proyecto por parte de tanta gente, ¡en tantas ciudades de México y del mundo!

Leer Más: http://www.animalpolitico.com/2012/10/los-bordados-por-la-paz-llegan-a-puebla/#ixzz2CsjkocvA
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